viernes, 27 de noviembre de 2015

Frases célebres relacionadas con Educación



Buenas noches,

Una reflexión se me pasa por la cabeza en este momento... En la actualidad cualquier persona que tenga redes sociales, véase Factbook, twitter, instagram, etc… ha visto alguna vez una frase célebre “adueñada y modificada” en un pie de foto que (generalmente) nada tiene que ver con dicha frase, o incluso con el tema.

Las frases célebres se están devaluando, y por contrario, nos tienen que servir de motivación, ya que una frase célebre es aquella pronunciada por una personalidad destacada o famosa y, su influencia se debe a su sentido moral, instructivo, etc…
Por eso, me he tomado la licencia de hacer una pequeña recopilación de frases célebres sobre educación que vale la pena conocer y compartir. Espero que disfrutéis de las frases célebres, porque a mi personalmente, me sirven como motivación:


"No podéis preparar a vuestros alumnos para que construyan mañana el mundo de sus sueños, si vosotros ya no creéis en esos sueños; no podéis prepararlos para la vida, si no creéis en ella; no podríais mostrar el camino, si os habéis sentado, cansados y desalentados en la encrucijada de los caminos." Celestin Freinet

"La educación es algo admirable, sin embargo, es bueno recordar, que nada que valga la pena se puede enseñar" Oscar Wilde

"La educación es el vestido de gala para asistir a la fiesta de la vida" Miguel Rojas Sánchez

"Educar no es fabricar adultos según un modelo sino liberar en cada hombre lo que le impide ser él mismo, permitirle realizarse según su 'genio' singular" Olivier Reboul

"El educador mediocre habla. El buen educador explica. El educador superior demuestra. El gran educador inspira." William Arthur Ward

"Un niño educado sólo en la escuela es un niño no educado." George Santayana

"Los hombres inteligentes quieren aprender; los demás, enseñar." Antón Chéjov

Espero que os hayan gustado, si os habéis quedado con ganas de más frases célebres os emplazo a visitar: http://www.taringa.net/post/apuntes-y-monografias/2018526/Frases-celebres-sobre-educacion.html donde podréis encontrar muchas más.

Para despedirme de este post, que mejor forma de hacerlo que con la frase célebre relacionada con Educación que personalmente más me gusta y que me siento identificado:

"QUIEN SE ATREVE A ENSEÑAR, NUNCA DEBE DEJAR DE APRENDER." John Cotton Dana




Goodbye!

viernes, 20 de noviembre de 2015

Cinco Panes de Cebada

Lectura del libro Cinco Panes de Cebada de Lucía Baquedano.



INTRODUCCIÓN

“Cinco panes de cebada” es una novela realista ambientada en un pueblo de Navarra. La protagonista nos cuenta en primera persona la experiencia de su día a día como profesora del colegio del pueblo. Nos describe como es el pueblo, sus costumbres, sus gentes, etc.. Nos informa también sobre la situación educativa que se da en los pueblos pequeños de España en esa época.


SINOPSIS

Muriel, una joven maestra, es destinada a Beirechea, un pueblito de las montañas del Pirineo navarro. Acaba de terminar sus estudios brillantemente. Ella siempre ha soñado con una escuela moderna, bien instalada, alegre, pero tiene que enfrentar una realidad distinta: una escuela destartalada, gente sencilla, cerrada e insensible a la cultura. Todo ello deja en el ánimo de Muriel una sensación profunda de desaliento. Poco a poco va superando su desesperanza. Muriel ve cada vez con mayor claridad que tiene que cumplir con una misión importante: que la gente del pueblo comprenda que la educación le ayudará a realizar mejor todo lo que tenga que hacer en la vida. Los meses van pasando. Muriel va haciendo amistad con la gente del pueblo y así se va sintiendo integrada a aquel rincón montañoso, a su gente y a sus costumbres, de manera que cuando su hermana Silvia llega al pueblo para ofrecerle un trabajo prometedor en Pamplona, Muriel lo rechaza categóricamente y decide quedarse en Beirechea. Un buen día conoce a Javier Arive, un joven agricultor que había intentado sin éxito introducir en el pueblo técnicas modernas para mejorar el rendimiento agrícola, y a quien la gente del pueblo ve con desconfianza. Paulatinamente, Muriel descubre que algo especial surge en ella cada vez que se encuentra con él. Termina el curso. Después de las vacaciones, Muriel regresa al pueblo con nuevas energías para reanudar el trabajo. Continúan las actividades en la escuela y los encuentros con Javier. Juntos trabajarán para elevar el nivel cultural de la gente y para mejorar la situación agrícola del pueblo.



TEMAS PRINCIPALES

La Educación
Las relaciones humanas
Compromiso profesional
Introducción de innovaciones
  
Desde mi punto de vista Muriel (como puede ser normal en un estudiante de ciudad) tiene unas expectativas laborales un poco idílicas: trabajar en una escuela moderna, en la ciudad, con muchos recursos y que le permita desarrollar su trabajo de profesora de una forma óptima. El problema viene cuando Muriel es destinada a Beirechea, un pequeño pueblo que no le gusta nada y cree que no encaja en ese contexto. Poco a poco se va adaptando al ambiente rural y gracias al cambio de su mentalidad va aceptando poco a poco al pueblo y a su gente tal y como son. A medida que pasa el tiempo se siente más integrada con la gente del pueblo y lo que es mas importante, en la escuela con sus alumnos. Ella adquiere como obligación intrínseca abrir los ojos a los alumnos y a la gente del pueblo e inculcarles la importancia de la educación y la cultura.

El deseo de quedarse en el pueblo va creciendo, ya se siente querida entre la gente del pueblo y adaptada a la vida rural que antes creía que iba a poder soportar. Todos estos cambios se producen gracias a la sencillez y el carácter familiar y sobretodo a la solidaridad se que observa en los habitantes del pueblo. Muriel en las vacaciones vuelve a la ciudad, y cuando le toca volver al pueblo se da cuenta de lo que lo echaba de menos y que ha despertado en ella un sentimiento de permanencia. Incluso le ofrecen un trabajo en Pamplona y una mejora profesional y decide rechzarlo para quedarse en el pueblo. Y es que en el pueblo se siente muy realizada profesional y personalmente. Adquiere unos valores personales que quedan lejos del materialismo y asuntos triviales por los que se preocupaba cuando estaba en la ciudad y que dice, sus amigas de Pamplona poseen pero a ella ya no le interesan esos asuntos.

La obra intenta romper con cualquier prejuicio, abrir la mente y tener empatía por los demás , lo que la educación puede dar y puede unir. A veces el lugar es lo de menos cuando te sientes valorado y querido y por eso al final elige Beirechea como su destino.

OPINIÓN PERSONAL


La obra despierta interés , en mi caso, por saber como evoluciona Muriel a pesar de las dificultades que se presenta. Se encuentra ante una situación difícil: se encuentra con pocos alumnos, no muestran interés, el colegio esta destartalado, etc..Gracias a su tesón y a su carácter consigue inculcar el interés por aprender.

Como estudiante de magisterio me ha servido para poder aprender como enfrentarse ante una situación que en un inicio no es cómoda para el maestro. Pero el carácter que debe adquirir el profesor debe ser como el que adquiere Muriel. También creo que en la actualidad se evita el contacto más cercano de maestro y alumno, pero Muriel en este caso, se preocupa por los alumnos y por sus inquietudes. Además creo en el libro se da el ejemplo que yo comparto como debe actuar un profesor, el profesor no solo debe aportar conocimiento curriculares como enseñar lengua, matemáticas, etc.. Muriel y un buen profesor entiende la educación no solo como enseñar estas asignaturas sino también  debe inculcar y transmitir a los alumnos unos valores que también forman parte de la realidad educativa.

También me ha gustado porque incorpora métodos que se adaptan a los alumnos y fomentan su interés por el aprendizaje. En este caso Muriel utiliza un tipo de educación adaptada gracias a las excursiones que realiza por el monte, la implicación con la escuela que les hace ver, etc.. Lo que mas me ha impresionado de la obra es el compromiso profesional que adquiere Muriel y que ella misma se encarga de arreglar la escuela, ir a hablar con el alcalde, etc.. y eso lo notan los alumnos que al final adquieren un gran interés por aprender que era el objetivo inicial que quería Muriel. Por último, Muriel quiere que adquieran hábitos de estudio e interés por aprender para que sean libres y no solo tengan que estar trabajando en el campo ya que Muriel cree que el fin de la educación es desarrollar a la persona, para ser libre y que pueda escoger su destino.

Respecto al formato del libro, se hace muy ameno ya que utiliza un lenguaje muy sencillo y claro. Además el libro es de carácter realista lo que hace que te integres en la historia. El libro lo recomendaría porque incita a sacar el lado positivo de las cosas y a esforzarnos todo lo que podamos mediante el trabajo y la constancia para conseguir nuestros objetivos.

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

-              Autor: Lucía Baquedano.
-              Título: Cinco panes de cebada.
-              Edición: cuarenta y tres.
-              Editorial: SM
-              Lugar y año de publicación: Primera edición, marzo de 1981. Cuadragésima tercera edición: enero 1981
-              Número de páginas: 175.
-              Conocimiento que se tiene del autor de forma breve: Lucía Baquedano nació en Pamplona. Su obra ha recibido diversos galardones y premios importantes. Lucía decidió un día escribir un cuento como esos con los que tanto disfrutaba de niña

Algunas de sus obras son: 
      “Cinco panes de cebada”. Gana el tercer premio Gran Angular, lo que la animó a seguir escribiendo. En 1981 esta obra fue publicada por ediciones SM.
      “La muñeca que tenía 24 pecas”. Segundo premio El Barco de Vapor de literatura infantil.
      “Fantasmas de día”. Obtiene el premio Barco de Vapor.
      “Me llamo Pipe”. Obtuvo el premio Liberia de la Feria del Libro de Almería.
      “La casa de los diablos”. Premio de la Comisión Católica Española para la Infancia.     
      “El pueblo sombrío”. Con el que vuelve a recibir el premio de la Comisión Católica Española para la Infancia.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Comunicación No Verbal



Hoy día 18 de noviembre, como cada miércoles algunos compañeros han expuesto sus noticias en clase. Me ha interesado especialmente una, la noticia ha sido presentada por mi compañera Irene y trataba sobre la Comunicación No Verbal (CNV). La noticia en sí, me ha llamado la atención como ha sido expuesta por mi compañera, pero realmente la he escogido porque el tema me parece bastante interesante, así, me centraré en dar mi opinión sobre el tema de la Comunicación no verbal y dejaré a un lado la noticia de mi compañera:

La comunicación es clave en nuestro día a día, ya que, como hemos visto en esta asignatura el ser humano es un ser sociable por naturaleza. Lo que algunos no saben es que la comunicación no verbal es igual o más importante que la verbal. La comunicación verbal son todos esos gestos, posturas y ademanes que realizamos sin darnos cuenta y ofrecen una información de cómo nos sentimos y cómo somos. En mi opinión creo que alguien que es conocedor del lenguaje no verbal puede utilizarlo como ayuda en situaciones críticas o simplemente, en su trabajo, día a día, etc.. Ser consciente de uno mismo y saber ciertas pautas puede servirnos de ayuda y ser beneficioso para nosotros. Según el investigador Albert Mehrabian, a la hora de tener una conversación cara a cara el componente verbal representa un 35% y más del 65% es comunicación no verbal.
A continuación distingo algunos elementos de esta comunicación no verbal (hay muchos, seria imposible enumerar todos): contacto visual, gestos faciales, movimientos de brazos y manos, postura, distancia corporal, etc…

Sobre el tema de la Comunicación No Verbal he reflexionado y lo he llevado a mi ámbito. Esto me puede ayudar a la hora de dar las clases con los alumnos… un profesor que tiene una buena comunicación no verbal es un profesor mas competente porque puede transmitir mejor el mensaje y puede ayudarse en ello para desenvolverse mejor en el aula. Vivimos en una cultura muy visual, así que nuestros alumnos tomarán gran importancia a las imágenes y no tanto a los discursos y las palabras. A través de un buen manejo de la CNV (comunicación no verbal) podemos construir una relación mas positiva con ellos y promover un aprendizaje significativo. 

En mi opinión, la comunicación es un nivel importantísimo para los profesores, uno de los factores más importantes en el aula. Es fundamental tomar conciencia de la relevancia que tiene la comunicación, cuando estamos en presencia de un grupo al que queremos enseñarle algo. Debo/debemos preocuparnos por mejorar nuestra competencia comunicativa y conocer o crear incluso nuestro propio estilo comunicativo. Por último, no solo debemos preocuparnos por lo que nosotros comunicamos y transmitimos. También es importante comprender el significado de los mensajes que recibimos de nuestros alumnos. Todo ello, nos hará mejorar que al fin y al cabo, es lo que queremos para llegar a ser un poquito mejores cada día. 

Para finalizar, os dejo una muestra de la importancia que esta ganando la CNV. Como ejemplo el anuncio de la Loteria de Navidad de este año 2015 se basa en una Comunicación no verbal: os dejo el anuncio para que lo veáis.

Auf Wiedersehen!




jueves, 12 de noviembre de 2015

Mi relación con el deporte.



Buenos días,
 
En un post anterior explicaba el porqué de mi elección por magisterio. Aquí explicaré como descubrí y donde empezó mi curiosidad por esta carrera.

Desde pequeño, mis padres me han introducido el deporte como un gran estímulo, más allá de la vida sana que el deporte requiere, el deporte desde pequeño ha sido una forma de aprender valores muy útiles e importantes en la vida.

Los deportes que practicaba de pequeño eran el judo y el fútbol. Al final, me decanté más por el fútbol. Desde los 8 años juego al fútbol a nivel federado. He jugado en el Rayo Vallecano, A.F.E (Asociación de Futbolistas Españoles), etc… en la actualidad sigo jugando a nivel semiprofesional, y lo que ello conlleva, entrenar cuatro días a la semana, partido fin de semana, etc..También mi relación con el fútbol no solo se limita a jugar, desde hace cuatro años soy entrenador de fútbol (titulado). En la actualidad, entreno dos equipos, un alevín en la Fund. Rayo Vallecano y un benjamín en C.D. Valdebernardo. Fue ahí, donde empecé a descubrir mi interés por formar, enseñar y aprender (en mi opinión, tu también aprendes cosas enseñando). El interés por formarme para después compartir con los niños unos valores y conocimientos que intentas que le sirvan para que mejoren, fue ahí cómo “empezó todo”.

Centrándome en el tema del deporte, para mí es muy importante la inclusión del deporte en la vida
de los niños. A mí, me ha ayudado mucho ya que practico un deporte colectivo y convivo en un vestuario con 22 jugadores más y su correspondiente cuerpo técnico. Esto te hace adquirir valores como el compañerismo, el sacrificio, la constancia, el respeto, etc…

Para despedir el post, quiero decir que no es solo deporte…es algo más.
A continuación os dejo una carta de Carlos Matallanas, un enfermo de ELA, que escribe en El Confidencial y da su opinión desde un punto de vista complicado y la situación en la que esta. Esta carta trata sobre lo que el fútbol, en este caso, le ha enseñado y como le ha ayudado para afrontar la enfermedad. Es una carta que expone claramente que no es solo deporte/fútbol…es algo más. Espero que os guste, merece la pena leerlo!
Bibliografía:
Matallanas, Carlos. (3/12/2014). “El fútbol me enseño a soñar con mayúsculas”. Diario Marca. www.marca.com/2014/12/03/opinion/firmas/1417600777.html. Madrid.

Sbohem!!


Muy buenos días a todos,
Yo estoy aquí principalmente por mi condición de enfermo de ELA. Y así me dirijo a ustedes. Pero debo ser siempre justo con mis otras condiciones, entre las que destacan la de periodista y la de futbolista. Desde la primera, vengo tratando la compleja enfermedad que sufro a través de un blog semanal en El Confidencial, tribuna que cada vez coge mayor vuelo y obtiene un mayor respaldo de lectores ávidos de conocer qué es esto de la ELA. Pero es desde la segunda condición, la de jugador de fútbol, desde la que veo más apropiado hablarles hoy.
Lo entiendo mucho más apropiado tras los incidentes ocurridos el pasado domingo, conocidos por todos, y que son la muestra de que hay demasiados que aún acuden a campos de fútbol sin haber entendido lo más mínimo sobre qué es esto del deporte: actividad llamada a mejorar al ser humano, y no a devolverlo a la época donde vivíamos en cavernas.
Lo quiero hacer, además, en un marco como este que nos brinda la AFE, asociación de la que soy afiliado desde el año 2007, a la que considero mi casa, y a la que estoy infinitamente agradecido por una jornada como esta. En definitiva, durante cinco minutos, les voy a hablar de mi enfermedad con las botas de fútbol puestas.
Y es que el fútbol es la respuesta a las preguntas más complejas que me han hecho últimamente. Preguntas que yo también me acabo haciendo, pero siempre a posteriori, cuando podemos pararnos a pensar por qué somos como somos, de dónde nace nuestra manera de ser.
Los primeros síntomas de la ELA empiezan a aparecer en un proceso que dura meses, roza lo desesperante y acaba tiñendo tu día a día de un tono gris que todo lo cubre. Los doctores, que aplican la acertada lógica de que lo menos frecuente es eso, lo menos frecuente, apartan de sus primeras hipótesis algo tan temido y fatal como es la esclerosis lateral amiotrófica. Pero es el tiempo, que jamás notarás que pasa tan lento como en esas semanas eternas, el que poco a poco te mete en un pasillo largo donde todas las puertas de escape laterales se van cerrando, viéndote abocado a pasar por la que hay al final, donde accedes a un lugar muy oscuro: allí donde se hace firme el fatal diagnóstico.
Y les voy a contar lo que sentí y lo que pasó dentro de mí. Lejos de abrumarme, yo encendí desde el primer momento la luz de esa sala oscura en la que, a la fuerza y de improviso, la vida me había metido a los 33 años. Con tranquilidad y sin perder los nervios acepté la situación, quise conocer el lugar donde me hallaba, qué opciones tenía, qué me esperaba allí y, más importante, no perdí ni un segundo de mi tiempo en lamentarme y en hacer comparaciones con los lugares fabulosos de donde venía.
Los demás no entendían que yo fuera capaz de ver luz entre tanta oscuridad. Desde fuera, fueron entendiendo que me encontraba entero, que seguía vivo y que quería vivir, que quería ver qué pasaba conmigo, hasta donde podía llegar. Y ahí empecé a rodearme de gestos de asombro que acababan en las preguntas de que os hablaba al principio:
¿De dónde sacas esa fuerza?
¿Cómo es posible que reacciones así?
¿Por qué no te quejas?
¿Por qué no te desborda ver tan de cerca el sufrimiento inminente y la posibilidad de una muerte cruel y temprana?
Metido en el fragor de mi batalla particular, yo no me paraba a pensar para dar respuesta a esas preguntas. Yo solo actuaba según me dictaba la forma de ver la vida que siempre he tenido. Pero las caras de asombro se multiplicaban según iba dando a conocer el diagnóstico, y la insistencia de las mismas preguntas aumentaba. Llegó un momento que me tuve que detener unos segundos e intentar responderme esas cuestiones a mí mismo.
Y la respuesta que encontré fue la misma para todas ellas. Es muy sencilla y ya se la he anticipado: EL FÚTBOL.
Porque fue el fútbol el que me enseñó a esforzarme día a día sin importar el pasado ni añorar un futuro que no se conoce.
Fue el fútbol el que me mostró que todo puede suceder en un segundo inesperado, tanto lo mejor como lo peor.
El fútbol también me dio instrucciones para entender que, ante cualquier imprevisto, no queda otra que buscar soluciones y jamás excusas, que son las que te hunden más y te hacen perder un tiempo valioso.
En la cautela del ‘partido a partido’, el fútbol me demostró que jamás hay que tirar las campanas al vuelo ni arrojar tampoco la toalla, dándome una virtud impagable como es la mesura.
Dentro de un vestuario de fútbol aprendí a dominar mis miedos, a respetar los miedos de los demás y a sentirme libre asumiendo responsabilidades. Me hice hombre mucho antes que la mayoría de mis amigos por el simple hecho de tener un examen semanal donde constantemente se actualiza tu prestigio y para lo que no sirven excusas de ningún tipo. Y es que en el terreno de juego no hay árboles donde esconderse y acabas siendo muy consciente de qué has hecho mal o bien, por qué lo has hecho así y en qué puedes mejorar. Porque siempre se puede mejorar. No lo olviden: siempre.
Y también fue el fútbol el que me enseñó a pensar en los demás. En la fortaleza del grupo. En el bien común. En ayudar al que se encuentra en apuros, pero no por condescendencia, sino por la más genuina solidaridad. Solidaridad que solo se presta totalmente cuando no hay engaños, cuando identificas que quien lo pasa mal, ya está dando todo lo que puede dar de sí y aun así necesita tu apoyo.
Y también disfruté compartiendo esfuerzos al lado de gente mejor que yo, sin que la envidia jamás apareciese porque, sencillamente, los mejores me hacían mejor a mí. Y porque aprendí muy pronto que hasta los mayores cracks de cualquier disciplina acaban necesitando de la ayuda y comprensión de quienes les rodean para ser aún más grandes y poder aspirar a las más altas cotas.
Y, señores, por encima de todas las cosas, el fútbol me enseñó a soñar en mayúsculas. Siempre con los pies en la tierra, pero soñar más allá de las nubes.
Cuando tanto yo como mi seres queridos recibimos el pasado verano mi fatídico diagnóstico, fue algo así como encajar tres goles seguidos a falta de cinco minutos para el final del partido más importante de nuestras vidas. Y yo, simplemente, reaccioné como lo haría vestido de corto, hice lo que he hecho siempre. Fui a recoger el balón del fondo de nuestra portería, lo lleve al círculo central y me dispuse a levantar uno a uno a la mayoría de mis ‘compañeros’, que yacían entregados sobre el césped con ganas de estar en cualquier otro lado y no viviendo ese infierno.
Y ya voy acabando.
Desde ese momento, solo les quiero hacer ver a quienes leen mi mensaje todo aquello que me han enseñado desde bien pequeño: que los partidos se juegan hasta el final. Que mientras hay vida hay esperanza. Que no hay minutos de la basura y que jugar es de por sí un regalo sea cual sea el resultado. Que debemos disfrutar hasta de la peor de las derrotas, pero disfrutar porque lo damos todo, porque peleamos hasta el último suspiro. Porque sintiéndonos fuertes, ansiando mejorar y haciendo equipo, cualquier sueño se puede convertir en realidad.
Porque, hasta que el árbitro no pite el final, cualquier remontada siempre será posible.
Y, además, porque siempre habrá un niño mirándote y al que le debes dar el mejor de los testigos: tu ejemplo.
Muchas gracias.
Muy buenos días a todos,
Yo estoy aquí principalmente por mi condición de enfermo de ELA. Y así me dirijo a ustedes. Pero debo ser siempre justo con mis otras condiciones, entre las que destacan la de periodista y la de futbolista. Desde la primera, vengo tratando la compleja enfermedad que sufro a través de un blog semanal en El Confidencial, tribuna que cada vez coge mayor vuelo y obtiene un mayor respaldo de lectores ávidos de conocer qué es esto de la ELA. Pero es desde la segunda condición, la de jugador de fútbol, desde la que veo más apropiado hablarles hoy.
Lo entiendo mucho más apropiado tras los incidentes ocurridos el pasado domingo, conocidos por todos, y que son la muestra de que hay demasiados que aún acuden a campos de fútbol sin haber entendido lo más mínimo sobre qué es esto del deporte: actividad llamada a mejorar al ser humano, y no a devolverlo a la época donde vivíamos en cavernas.
Lo quiero hacer, además, en un marco como este que nos brinda la AFE, asociación de la que soy afiliado desde el año 2007, a la que considero mi casa, y a la que estoy infinitamente agradecido por una jornada como esta. En definitiva, durante cinco minutos, les voy a hablar de mi enfermedad con las botas de fútbol puestas.
Y es que el fútbol es la respuesta a las preguntas más complejas que me han hecho últimamente. Preguntas que yo también me acabo haciendo, pero siempre a posteriori, cuando podemos pararnos a pensar por qué somos como somos, de dónde nace nuestra manera de ser.
Los primeros síntomas de la ELA empiezan a aparecer en un proceso que dura meses, roza lo desesperante y acaba tiñendo tu día a día de un tono gris que todo lo cubre. Los doctores, que aplican la acertada lógica de que lo menos frecuente es eso, lo menos frecuente, apartan de sus primeras hipótesis algo tan temido y fatal como es la esclerosis lateral amiotrófica. Pero es el tiempo, que jamás notarás que pasa tan lento como en esas semanas eternas, el que poco a poco te mete en un pasillo largo donde todas las puertas de escape laterales se van cerrando, viéndote abocado a pasar por la que hay al final, donde accedes a un lugar muy oscuro: allí donde se hace firme el fatal diagnóstico.
Y les voy a contar lo que sentí y lo que pasó dentro de mí. Lejos de abrumarme, yo encendí desde el primer momento la luz de esa sala oscura en la que, a la fuerza y de improviso, la vida me había metido a los 33 años. Con tranquilidad y sin perder los nervios acepté la situación, quise conocer el lugar donde me hallaba, qué opciones tenía, qué me esperaba allí y, más importante, no perdí ni un segundo de mi tiempo en lamentarme y en hacer comparaciones con los lugares fabulosos de donde venía.
Los demás no entendían que yo fuera capaz de ver luz entre tanta oscuridad. Desde fuera, fueron entendiendo que me encontraba entero, que seguía vivo y que quería vivir, que quería ver qué pasaba conmigo, hasta donde podía llegar. Y ahí empecé a rodearme de gestos de asombro que acababan en las preguntas de que os hablaba al principio:
¿De dónde sacas esa fuerza?
¿Cómo es posible que reacciones así?
¿Por qué no te quejas?
¿Por qué no te desborda ver tan de cerca el sufrimiento inminente y la posibilidad de una muerte cruel y temprana?
Metido en el fragor de mi batalla particular, yo no me paraba a pensar para dar respuesta a esas preguntas. Yo solo actuaba según me dictaba la forma de ver la vida que siempre he tenido. Pero las caras de asombro se multiplicaban según iba dando a conocer el diagnóstico, y la insistencia de las mismas preguntas aumentaba. Llegó un momento que me tuve que detener unos segundos e intentar responderme esas cuestiones a mí mismo.
Y la respuesta que encontré fue la misma para todas ellas. Es muy sencilla y ya se la he anticipado: EL FÚTBOL.
Porque fue el fútbol el que me enseñó a esforzarme día a día sin importar el pasado ni añorar un futuro que no se conoce.
Fue el fútbol el que me mostró que todo puede suceder en un segundo inesperado, tanto lo mejor como lo peor.
El fútbol también me dio instrucciones para entender que, ante cualquier imprevisto, no queda otra que buscar soluciones y jamás excusas, que son las que te hunden más y te hacen perder un tiempo valioso.
En la cautela del ‘partido a partido’, el fútbol me demostró que jamás hay que tirar las campanas al vuelo ni arrojar tampoco la toalla, dándome una virtud impagable como es la mesura.
Dentro de un vestuario de fútbol aprendí a dominar mis miedos, a respetar los miedos de los demás y a sentirme libre asumiendo responsabilidades. Me hice hombre mucho antes que la mayoría de mis amigos por el simple hecho de tener un examen semanal donde constantemente se actualiza tu prestigio y para lo que no sirven excusas de ningún tipo. Y es que en el terreno de juego no hay árboles donde esconderse y acabas siendo muy consciente de qué has hecho mal o bien, por qué lo has hecho así y en qué puedes mejorar. Porque siempre se puede mejorar. No lo olviden: siempre.
Y también fue el fútbol el que me enseñó a pensar en los demás. En la fortaleza del grupo. En el bien común. En ayudar al que se encuentra en apuros, pero no por condescendencia, sino por la más genuina solidaridad. Solidaridad que solo se presta totalmente cuando no hay engaños, cuando identificas que quien lo pasa mal, ya está dando todo lo que puede dar de sí y aun así necesita tu apoyo.
Y también disfruté compartiendo esfuerzos al lado de gente mejor que yo, sin que la envidia jamás apareciese porque, sencillamente, los mejores me hacían mejor a mí. Y porque aprendí muy pronto que hasta los mayores cracks de cualquier disciplina acaban necesitando de la ayuda y comprensión de quienes les rodean para ser aún más grandes y poder aspirar a las más altas cotas.
Y, señores, por encima de todas las cosas, el fútbol me enseñó a soñar en mayúsculas. Siempre con los pies en la tierra, pero soñar más allá de las nubes.
Cuando tanto yo como mi seres queridos recibimos el pasado verano mi fatídico diagnóstico, fue algo así como encajar tres goles seguidos a falta de cinco minutos para el final del partido más importante de nuestras vidas. Y yo, simplemente, reaccioné como lo haría vestido de corto, hice lo que he hecho siempre. Fui a recoger el balón del fondo de nuestra portería, lo lleve al círculo central y me dispuse a levantar uno a uno a la mayoría de mis ‘compañeros’, que yacían entregados sobre el césped con ganas de estar en cualquier otro lado y no viviendo ese infierno.
Y ya voy acabando.
Desde ese momento, solo les quiero hacer ver a quienes leen mi mensaje todo aquello que me han enseñado desde bien pequeño: que los partidos se juegan hasta el final. Que mientras hay vida hay esperanza. Que no hay minutos de la basura y que jugar es de por sí un regalo sea cual sea el resultado. Que debemos disfrutar hasta de la peor de las derrotas, pero disfrutar porque lo damos todo, porque peleamos hasta el último suspiro. Porque sintiéndonos fuertes, ansiando mejorar y haciendo equipo, cualquier sueño se puede convertir en realidad.
Porque, hasta que el árbitro no pite el final, cualquier remontada siempre será posible.
Y, además, porque siempre habrá un niño mirándote y al que le debes dar el mejor de los testigos: tu ejemplo.
Muchas gracias.
Muy buenos días a todos, yo estoy aquí principalmente por mi condición de enfermo de ELA. Y así me dirijo a ustedes. Pero debo ser siempre justo con mis otras condiciones, entre las que destacan la de periodista y la de futbolista. Desde la primera, vengo tratando la compleja enfermedad que sufro a través de un blog semanal en El Confidencial, tribuna que cada vez coge mayor vuelo y obtiene un mayor respaldo de lectores ávidos de conocer qué es esto de la ELA. Pero es desde la segunda condición, la de jugador de fútbol, desde la que veo más apropiado hablarles hoy.

Lo entiendo mucho más apropiado tras los incidentes ocurridos el pasado domingo, conocidos por todos, y que son la muestra de que hay demasiados que aún acuden a campos de fútbol sin haber entendido lo más mínimo sobre qué es esto del deporte: actividad llamada a mejorar al ser humano, y no a devolverlo a la época donde vivíamos en cavernas.

Lo quiero hacer, además, en un marco como este que nos brinda la AFE, asociación de la que soy afiliado desde el año 2007, a la que considero mi casa, y a la que estoy infinitamente agradecido por una jornada como esta. En definitiva, durante cinco minutos, les voy a hablar de mi enfermedad con las botas de fútbol puestas.
Y es que el fútbol es la respuesta a las preguntas más complejas que me han hecho últimamente. Preguntas que yo también me acabo haciendo, pero siempre a posteriori, cuando podemos pararnos a pensar por qué somos como somos, de dónde nace nuestra manera de ser.

Los primeros síntomas de la ELA empiezan a aparecer en un proceso que dura meses, roza lo desesperante y acaba tiñendo tu día a día de un tono gris que todo lo cubre. Los doctores, que aplican la acertada lógica de que lo menos frecuente es eso, lo menos frecuente, apartan de sus primeras hipótesis algo tan temido y fatal como es la esclerosis lateral amiotrófica. Pero es el tiempo, que jamás notarás que pasa tan lento como en esas semanas eternas, el que poco a poco te mete en un pasillo largo donde todas las puertas de escape laterales se van cerrando, viéndote abocado a pasar por la que hay al final, donde accedes a un lugar muy oscuro: allí donde se hace firme el fatal diagnóstico.
Y les voy a contar lo que sentí y lo que pasó dentro de mí. Lejos de abrumarme, yo encendí desde el primer momento la luz de esa sala oscura en la que, a la fuerza y de improviso, la vida me había metido a los 33 años. Con tranquilidad y sin perder los nervios acepté la situación, quise conocer el lugar donde me hallaba, qué opciones tenía, qué me esperaba allí y, más importante, no perdí ni un segundo de mi tiempo en lamentarme y en hacer comparaciones con los lugares fabulosos de donde venía.
Los demás no entendían que yo fuera capaz de ver luz entre tanta oscuridad. Desde fuera, fueron entendiendo que me encontraba entero, que seguía vivo y que quería vivir, que quería ver qué pasaba conmigo, hasta donde podía llegar. Y ahí empecé a rodearme de gestos de asombro que acababan en las preguntas de que os hablaba al principio:
¿De dónde sacas esa fuerza?
¿Cómo es posible que reacciones así?
¿Por qué no te quejas?
¿Por qué no te desborda ver tan de cerca el sufrimiento inminente y la posibilidad de una muerte cruel y temprana?

Metido en el fragor de mi batalla particular, yo no me paraba a pensar para dar respuesta a esas preguntas. Yo solo actuaba según me dictaba la forma de ver la vida que siempre he tenido. Pero las caras de asombro se multiplicaban según iba dando a conocer el diagnóstico, y la insistencia de las mismas preguntas aumentaba. Llegó un momento que me tuve que detener unos segundos e intentar responderme esas cuestiones a mí mismo.
Y la respuesta que encontré fue la misma para todas ellas. Es muy sencilla y ya se la he anticipado: EL FÚTBOL.

Porque fue el fútbol el que me enseñó a esforzarme día a día sin importar el pasado ni añorar un futuro que no se conoce.
Fue el fútbol el que me mostró que todo puede suceder en un segundo inesperado, tanto lo mejor como lo peor.
El fútbol también me dio instrucciones para entender que, ante cualquier imprevisto, no queda otra que buscar soluciones y jamás excusas, que son las que te hunden más y te hacen perder un tiempo valioso.
En la cautela del ‘partido a partido’, el fútbol me demostró que jamás hay que tirar las campanas al vuelo ni arrojar tampoco la toalla, dándome una virtud impagable como es la mesura.

Dentro de un vestuario de fútbol aprendí a dominar mis miedos, a respetar los miedos de los demás y a sentirme libre asumiendo responsabilidades. Me hice hombre mucho antes que la mayoría de mis amigos por el simple hecho de tener un examen semanal donde constantemente se actualiza tu prestigio y para lo que no sirven excusas de ningún tipo. Y es que en el terreno de juego no hay árboles donde esconderse y acabas siendo muy consciente de qué has hecho mal o bien, por qué lo has hecho así y en qué puedes mejorar. Porque siempre se puede mejorar. No lo olviden: siempre.
Y también fue el fútbol el que me enseñó a pensar en los demás. En la fortaleza del grupo. En el bien común. En ayudar al que se encuentra en apuros, pero no por condescendencia, sino por la más genuina solidaridad. Solidaridad que solo se presta totalmente cuando no hay engaños, cuando identificas que quien lo pasa mal, ya está dando todo lo que puede dar de sí y aun así necesita tu apoyo.
Y también disfruté compartiendo esfuerzos al lado de gente mejor que yo, sin que la envidia jamás apareciese porque, sencillamente, los mejores me hacían mejor a mí. Y porque aprendí muy pronto que hasta los mayores cracks de cualquier disciplina acaban necesitando de la ayuda y comprensión de quienes les rodean para ser aún más grandes y poder aspirar a las más altas cotas.

Y, señores, por encima de todas las cosas, el fútbol me enseñó a soñar en mayúsculas. Siempre con los pies en la tierra, pero soñar más allá de las nubes.

Cuando tanto yo como mi seres queridos recibimos el pasado verano mi fatídico diagnóstico, fue algo así como encajar tres goles seguidos a falta de cinco minutos para el final del partido más importante de nuestras vidas. Y yo, simplemente, reaccioné como lo haría vestido de corto, hice lo que he hecho siempre. Fui a recoger el balón del fondo de nuestra portería, lo lleve al círculo central y me dispuse a levantar uno a uno a la mayoría de mis ‘compañeros’, que yacían entregados sobre el césped con ganas de estar en cualquier otro lado y no viviendo ese infierno.
Y ya voy acabando.

Desde ese momento, solo les quiero hacer ver a quienes leen mi mensaje todo aquello que me han enseñado desde bien pequeño: que los partidos se juegan hasta el final. Que mientras hay vida hay esperanza. Que no hay minutos de la basura y que jugar es de por sí un regalo sea cual sea el resultado. Que debemos disfrutar hasta de la peor de las derrotas, pero disfrutar porque lo damos todo, porque peleamos hasta el último suspiro. Porque sintiéndonos fuertes, ansiando mejorar y haciendo equipo, cualquier sueño se puede convertir en realidad. Porque, hasta que el árbitro no pite el final, cualquier remontada siempre será posible.

Y, además, porque siempre habrá un niño mirándote y al que le debes dar el mejor de los testigos: tu ejemplo.

Muchas gracias.



Muy buenos días a todos,
Yo estoy aquí principalmente por mi condición de enfermo de ELA. Y así me dirijo a ustedes. Pero debo ser siempre justo con mis otras condiciones, entre las que destacan la de periodista y la de futbolista. Desde la primera, vengo tratando la compleja enfermedad que sufro a través de un blog semanal en El Confidencial, tribuna que cada vez coge mayor vuelo y obtiene un mayor respaldo de lectores ávidos de conocer qué es esto de la ELA. Pero es desde la segunda condición, la de jugador de fútbol, desde la que veo más apropiado hablarles hoy.
Lo entiendo mucho más apropiado tras los incidentes ocurridos el pasado domingo, conocidos por todos, y que son la muestra de que hay demasiados que aún acuden a campos de fútbol sin haber entendido lo más mínimo sobre qué es esto del deporte: actividad llamada a mejorar al ser humano, y no a devolverlo a la época donde vivíamos en cavernas.
Lo quiero hacer, además, en un marco como este que nos brinda la AFE, asociación de la que soy afiliado desde el año 2007, a la que considero mi casa, y a la que estoy infinitamente agradecido por una jornada como esta. En definitiva, durante cinco minutos, les voy a hablar de mi enfermedad con las botas de fútbol puestas.
Y es que el fútbol es la respuesta a las preguntas más complejas que me han hecho últimamente. Preguntas que yo también me acabo haciendo, pero siempre a posteriori, cuando podemos pararnos a pensar por qué somos como somos, de dónde nace nuestra manera de ser.
Los primeros síntomas de la ELA empiezan a aparecer en un proceso que dura meses, roza lo desesperante y acaba tiñendo tu día a día de un tono gris que todo lo cubre. Los doctores, que aplican la acertada lógica de que lo menos frecuente es eso, lo menos frecuente, apartan de sus primeras hipótesis algo tan temido y fatal como es la esclerosis lateral amiotrófica. Pero es el tiempo, que jamás notarás que pasa tan lento como en esas semanas eternas, el que poco a poco te mete en un pasillo largo donde todas las puertas de escape laterales se van cerrando, viéndote abocado a pasar por la que hay al final, donde accedes a un lugar muy oscuro: allí donde se hace firme el fatal diagnóstico.
Y les voy a contar lo que sentí y lo que pasó dentro de mí. Lejos de abrumarme, yo encendí desde el primer momento la luz de esa sala oscura en la que, a la fuerza y de improviso, la vida me había metido a los 33 años. Con tranquilidad y sin perder los nervios acepté la situación, quise conocer el lugar donde me hallaba, qué opciones tenía, qué me esperaba allí y, más importante, no perdí ni un segundo de mi tiempo en lamentarme y en hacer comparaciones con los lugares fabulosos de donde venía.
Los demás no entendían que yo fuera capaz de ver luz entre tanta oscuridad. Desde fuera, fueron entendiendo que me encontraba entero, que seguía vivo y que quería vivir, que quería ver qué pasaba conmigo, hasta donde podía llegar. Y ahí empecé a rodearme de gestos de asombro que acababan en las preguntas de que os hablaba al principio:
¿De dónde sacas esa fuerza?
¿Cómo es posible que reacciones así?
¿Por qué no te quejas?
¿Por qué no te desborda ver tan de cerca el sufrimiento inminente y la posibilidad de una muerte cruel y temprana?
Metido en el fragor de mi batalla particular, yo no me paraba a pensar para dar respuesta a esas preguntas. Yo solo actuaba según me dictaba la forma de ver la vida que siempre he tenido. Pero las caras de asombro se multiplicaban según iba dando a conocer el diagnóstico, y la insistencia de las mismas preguntas aumentaba. Llegó un momento que me tuve que detener unos segundos e intentar responderme esas cuestiones a mí mismo.
Y la respuesta que encontré fue la misma para todas ellas. Es muy sencilla y ya se la he anticipado: EL FÚTBOL.
Porque fue el fútbol el que me enseñó a esforzarme día a día sin importar el pasado ni añorar un futuro que no se conoce.
Fue el fútbol el que me mostró que todo puede suceder en un segundo inesperado, tanto lo mejor como lo peor.
El fútbol también me dio instrucciones para entender que, ante cualquier imprevisto, no queda otra que buscar soluciones y jamás excusas, que son las que te hunden más y te hacen perder un tiempo valioso.
En la cautela del ‘partido a partido’, el fútbol me demostró que jamás hay que tirar las campanas al vuelo ni arrojar tampoco la toalla, dándome una virtud impagable como es la mesura.
Dentro de un vestuario de fútbol aprendí a dominar mis miedos, a respetar los miedos de los demás y a sentirme libre asumiendo responsabilidades. Me hice hombre mucho antes que la mayoría de mis amigos por el simple hecho de tener un examen semanal donde constantemente se actualiza tu prestigio y para lo que no sirven excusas de ningún tipo. Y es que en el terreno de juego no hay árboles donde esconderse y acabas siendo muy consciente de qué has hecho mal o bien, por qué lo has hecho así y en qué puedes mejorar. Porque siempre se puede mejorar. No lo olviden: siempre.
Y también fue el fútbol el que me enseñó a pensar en los demás. En la fortaleza del grupo. En el bien común. En ayudar al que se encuentra en apuros, pero no por condescendencia, sino por la más genuina solidaridad. Solidaridad que solo se presta totalmente cuando no hay engaños, cuando identificas que quien lo pasa mal, ya está dando todo lo que puede dar de sí y aun así necesita tu apoyo.
Y también disfruté compartiendo esfuerzos al lado de gente mejor que yo, sin que la envidia jamás apareciese porque, sencillamente, los mejores me hacían mejor a mí. Y porque aprendí muy pronto que hasta los mayores cracks de cualquier disciplina acaban necesitando de la ayuda y comprensión de quienes les rodean para ser aún más grandes y poder aspirar a las más altas cotas.
Y, señores, por encima de todas las cosas, el fútbol me enseñó a soñar en mayúsculas. Siempre con los pies en la tierra, pero soñar más allá de las nubes.
Cuando tanto yo como mi seres queridos recibimos el pasado verano mi fatídico diagnóstico, fue algo así como encajar tres goles seguidos a falta de cinco minutos para el final del partido más importante de nuestras vidas. Y yo, simplemente, reaccioné como lo haría vestido de corto, hice lo que he hecho siempre. Fui a recoger el balón del fondo de nuestra portería, lo lleve al círculo central y me dispuse a levantar uno a uno a la mayoría de mis ‘compañeros’, que yacían entregados sobre el césped con ganas de estar en cualquier otro lado y no viviendo ese infierno.
Y ya voy acabando.
Desde ese momento, solo les quiero hacer ver a quienes leen mi mensaje todo aquello que me han enseñado desde bien pequeño: que los partidos se juegan hasta el final. Que mientras hay vida hay esperanza. Que no hay minutos de la basura y que jugar es de por sí un regalo sea cual sea el resultado. Que debemos disfrutar hasta de la peor de las derrotas, pero disfrutar porque lo damos todo, porque peleamos hasta el último suspiro. Porque sintiéndonos fuertes, ansiando mejorar y haciendo equipo, cualquier sueño se puede convertir en realidad.
Porque, hasta que el árbitro no pite el final, cualquier remontada siempre será posible.
Y, además, porque siempre habrá un niño mirándote y al que le debes dar el mejor de los testigos: tu ejemplo.
Muchas gracias.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Noticia sobre: Decálogo para potenciar que los hijos sean más inteligentes (Revista Time)



En la clase de hoy, 4 de noviembre, como cada miércoles varios compañeros han expuesto sus noticias. Hoy no me ha llamado ninguna especialmente la atención, aunque si destacaría la noticia de Ramón (Moncho). 
La noticia trata sobre un artículo de la prestigiosa revista Time en la que expone un decálogo para ayudar los padres a que sus hijos sean mas inteligentes. El decálogo constaba de diez puntos que he recogido y que expongo a continuación:
1- Apuntarles a clase de música: permiten aumentar los índices de inteligencia a los niños.
2-Practicar deporte: mantiene el buen estado físico aumenta el flujo de sangre al cerebro.
3- Lectura.
4-Dormir las horas necesarias (influye en el rendimiento en el colegio)
5-Disciplina. La autodisciplina permite que un estudiante mejore su rendimiento escolar, lo que no se logra  sólo con inteligencia.
6- Males de televisión
7-Alimentación (para su rendimiento y su salud)
8-Felicidad (motivado, fundamental para lograr el éxito)
9-Amistades (muy importante el entorno)
10-Confianza (creer en ellos puede estimularles y lograr que marquen la diferencia

Creo que el artículo es interesante ya que da unas pautas que creo que sin son útiles para potenciar las capacidades de los niños, aunque en mi opinión no es necesario que la revista Time lo publique, creo que los padres ya debían tener una idea muy parecida a este decálogo para motivar y potenciar a sus hijos y si al menos, siete de estos puntos no se están llevando a cabo con sus hijos, creo que se le esta dando una mala educación y malas costumbres.

Estos puntos no sólo los deben saber los padres, en mi opinión es muy importante que en las escuelas se fomenten y ahí es cuando entra la figura del profesor que debe saber motivar y dar a conocer al alumno una serie de pautas que le ayudarán a desarrollarse mejor y a potenciar sus capacidades.

Desde mi experiencia, me acuerdo cuando cursaba primaria y estos puntos estaban muy presentes en mi vida, excepto el primero (de pequeño no fui a clase de música, de adolescente sí), y desde mi punto de vista me ayudaron bastante y estoy muy de acuerdo en ellos por mi experiencia. Creo que, como también se explicó en la exposición, también es importante el componente de la genética de los progenitores, pero cualquier alumno, cualquier niño siguiendo esta serie de pautas y con una dosis de sacrificio, potenciará altamente su rendimiento y le ayudará a formarse y desarrollarse de una manera muy cercana a la optimización, ya que esta en una etapa que en la que es determinante el desarrollo de sus capacidades.

La revedere!
 
Bibliografía:
Rodríguez, P. (22 de septiembre del 2015). Diez pautas para lograr que nuestros hijos sean mas inteligentes. La Razón. http://www.larazon.es/sociedad/educacion/diez-pautas-para-lograr-que-nuestros-hijos-sean-mas-inteligentes-NB10777569#.Ttt1QBhbY6aXYSx




 




Deberes en Primaria : ¿Sí o No?



En la clase de hoy los compañeros han expuesto sus noticias. De entre ellas me ha interesado bastante una en particular: “Los deberes en la escuela”, expuesta por mi compañero Jaime.

La noticia trataba sobre los deberes en la escuela (centrándose más en la educación primaria) la cantidad de deberes que los profesores mandan a sus alumnos, cómo afectan los deberes al rendimiento y la motivación de los alumnos y algunas conclusiones basadas en estudios en la unión europea.

Actualmente el tema de los deberes se ha convertido en una de las cuestiones a investigar en la educación actual, en algunos países, como en Francia, los deberes se han prohibido en Primaria ya que dicen que promueve la desigualdad (caso de alumnos que sus Padres no puedan ayudarles en sus tareas o se encuentren en un contexto familiar difícil), además los detractores de los deberes para casa exponen que los deberes no sirven para nada, son antipedagógicos, causan tensiones en la familia obligando a los padres a ejercer de profesores, alargan innecesariamente la jornada de seis horas diarias, impiden a los niños dedicar el tiempo a la lectura, y aumentan las desigualdades entre los alumnos que pueden beneficiarse de la ayuda de su familia y los que no (como anteriormente explicábamos el caso concreto de Francia). Además argumentan que los niños después de la escuela necesitan tiempo para jugar y socializarse y psicólogos alertan del aumento del estrés de los niños con la agenda saturada.
Los alumnos españoles llegan a casa cada día con una mochila cargada de obligaciones. Se quejan los padres y lo confirma la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que ha constatado que España es el quinto país que más deberes pone en una lista de 38 naciones: 6,5 horas de tarea a la semana frente a una media de 4,9 horas. Según un estudio realizado por este organismo a partir de los datos del Informe Pisa 2012, sólo en Polonia (6,6 horas), Irlanda (7,3), Italia (8,7) y Rusia (9,7) tienen más deberes que en España. Además hay muy pocas evidencias que relacionen los deberes con mejores resultados, especialmente en los primeros cursos de la educación, ya que España es uno de los países de la Unión Europea con mayor fracaso escolar.
Pero también existen defensores de los deberes: a pesar de la controversia científica, que no deja claro hasta qué punto sirven los deberes para la mejora del rendimiento, decía en un texto, “es un hecho que las tareas escolares o deberes están arraigados en nuestro entorno escolar de forma secular. [...] Parece que, en principio, existe el consenso en nuestra comunidad docente de que las tareas sirven para inculcar al alumnado el valor del esfuerzo personal y de la responsabilidad en su formación y educación”, asi que ellos defienden que los deberes sirven y mucho, sobre todo para reforzar lo visto en clase e inculcar el valor del esfuerzo.

Después de lo expuesto; en mi opinión, existe una abundancia de deberes en los colegios de Primaria que hacen que el NIÑO, aunque nosotros lo veamos como un alumno, sigue siendo un niño, y tienen que socializarse, disfrutar de mucho tiempo de ocio después de salir del colegio: estar con la familia, jugar, realizar actividades extraescolares y no estar bajo una gran presión con deberes, que además en muchas ocasiones tienen que pedir ayuda a sus padres, hermanos mayores, etc… Si estoy de acuerdo que de manera muy puntual se manden deberes, pero siempre bajo la comunicación y estando informados todos los profesores para no coincidir los deberes y saturar al alumno y todos los deberes enviados puntualmente. Creo que sería mas fácil si todos los centros educativos acordarán una serie de recomendaciones sobre las características que deben cumplir las tareas escolares para casa, como, por ejemplo, ser motivadoras, no causar discriminaciones ni usarse nunca como un castigo y que en muchos casos no se cumplen.

A continuación, os dejo un video sobre este tema.
Espero que os haya gustado y que vosotros reflexionéis y saquéis vuestras propias conclusiones.

Au Revoir!!

domingo, 8 de noviembre de 2015

Notas definitorias de Educar





“Educar es enseñar a respetar todo tipo de conocimientos, valores, etc…que algún día puedes aprender y que te ayudarán a mejorar como individuo. Como para cualquier aprendizaje, esto conlleva un esfuerzo, que nos es muy útil y que debemos aceptar. Por último creo además que debemos educar bajo un contexto cercano y acorde a la realidad actual, a la actualidad.” Esta en la definición de Educar que dí el día 13 de octubre, y que subí a este blog con el post: Actividad. ¿Qué es estudiar?

Anteriormente hemos visto el campo semántico de Educar y el campo etimológico, añadiendo dos post referentes a estos temas en el blog. Hoy en clase, hemos conocido las Notas Definitorias de Educar.

Nos encontramos con una gran dificultad para encontrar una única definición en educación, sin embargo la variedad de significados que podemos encontrar tras el estudio de las descripciones de distintos autores nos ayudan a profundizar en el concepto de educación y en sus diferentes matices. Los rasgos comunes que encontramos en su estudio son objeto de estudio en pequeños grupos.
En el aula trabajamos a partir de las definiciones encontradas para ir explicando el sentido de estos matices, son los siguientes:
1. Perfeccionamiento
2. Intencionalidad
3. Integralidad (desarrollo de facultades humanas),
4. Influencia,
5. Fin
6. Individualización y socialización
7. Comunicación.

Centrándome en mi definición primera de Educar creo que en la definición aparecen las siguientes características o notas definitorias de Educar
1. Perfeccionamiento: La idea de modificar al educando con una idea de perfeccionamiento y progreso. En este caso, la ecuación como complemento: perficere (completar), la perfección educativa completa las posibilidades de ser de la persona: “Educar es enseñar a respetar todo tipo de conocimientos, valores, etc…que algún día puedes aprender y que te ayudarán a mejorar como individuo”.
2. Intencionalidad: La educación en un contexto formal (como es este caso) se relaciona con un proceso intencional. En la definición se englobaban los tres tipos de Educación que Trilla, Sarramona (1991) aludieron: Educación formal, no formal e informal, aunque creo que se centra más en la educación formal (plenamente intencional): “Educar es enseñar a respetar todo tipo de conocimientos, valores, etc…”
3. Integridad: En la definición se puede observar que el educar no solo engloba factores del conocimiento si no que también engloba valores, comportamientos, etc.. que desarrollan y hacen mejorar al individuo no solo como simple conocedor de conocimientos sino de manera integral y total: “Educar es enseñar a respetar todo tipo de conocimientos, valores, etc…que algún día puedes aprender y que te ayudarán a mejorar como individuo.”
4. Influencia, conducción y ayuda: La palabra enseñar que está nada mas empezar la definición determina que pertenece a un proceso relacionado con la heteroeducación (Educare), apareciendo la influencia y ayuda de una persona sobre otra: “Educar es enseñar a respetar…”
5. Individualización y Socialización: La educación es un fenómeno eminentemente social. En la definición se habla de desarrollarse como individuo (mejora del individuo).Pero también habla que esta mejora debe de estar dentro de un marco y un contexto social cercano y de actualidad, ya que el proceso de socialización se hace fundamental para completar la dimensión individual de la persona: “[…]Por último creo además que debemos educar bajo un contexto cercano y acorde a la realidad actual, a la actualidad.”
6. Comunicación: Para que exista educación debe darse un proceso comunicativo, y enseñar requiere una comunicación: “Educar es enseñar a respetar…”.
Saludos! Paalam na!

Educar: Educare y Educere.





“Educar es enseñar a respetar todo tipo de conocimientos, valores, etc…que algún día puedes aprender y que te ayudarán a mejorar como individuo. Como para cualquier aprendizaje, esto conlleva un esfuerzo, que nos es muy útil y que debemos aceptar. Por último creo además que debemos educar bajo un contexto cercano y acorde a la realidad actual, a la actualidad.” Esta es la definición de Educar que dí el día 13 de octubre, y que subí a este blog con el post: Actividad. ¿Qué es estudiar?

Hoy en clase, hemos visto el estudio etimológico de la palabra Educar. Educar proviene del latín: educare y educere. Por lo que la idea de Educar y Educación engloba dos términos:
Educare es transmitir, influir, dar…relacionado con influir sobre alguien: heteroeducación.
Educere es extraer, autonomía, madurar, exigencia, trabajo autónomo…relacionado con el crecimiento individual y la autonomía: autoeducación.

A partir de esto, puedo analizar la definición que dí de Educar en las primeras clases y aunque mis conocimientos sobre como definir la palabra educar y todo lo relacionado con ella, en ese momento eran nulos, creo que si englobe dentro de la definición los dos términos que la palabra Educar lleva consigo (si es de reconocer que no con mucha exactitud).

En la definición hablo sobre: “Educar es enseñar a respetar todo tipo de conocimientos, valores, etc…” esto lleva consigo el término Educare (guiar, transmitir, ...) ya que hablo de enseñar a alguien unos conocimientos y valores.
Pero también hablo de que: “Como cualquier aprendizaje, esto conlleva un esfuerzo, que nos es muy útil y que debemos aceptar.”  haciendo alusión a la autonomía, al autocrecimiento, la exigencia y  la madurez, íntimamente relacionado con el término Educere.

Entiendo que mi idea de Educar en la definición, antes de saber su origen etimológico, se acercaba bastante a la realidad, aunque como expuse un anterior post, las palabras empleadas en la definición no eran las ideales para hacer una buena definición de Educar.

A seguir aprendiendo!
Vale! (adiós en latín)

lunes, 2 de noviembre de 2015

Educar. Su campo semántico.

En la clase de hoy hemos visto el campo semántico de “Educar”.

Los diferentes términos asociados y relacionados con Educar me han acercado más a comprender qué es educar, y en parte, a darme cuenta de que la definición que hice de educar en la entrada al blog del día 13 de octubre no se adecua correctamente a la realidad.

Sobre Educar han aparecido términos como: aprender, instruir, enseñar, formar, adoctrinar, manipular, conductivismo, etc...

La primera palabra que aparecía en mi definición del día 13 de octubre era “enseñar”, hoy hemos visto que términos como “enseñar, formar, instruir, adoctrinar…” son términos estrechamente relacionados con educar pero no describen fielmente lo que es educar, ya que principalmente, educar y la educación llevan consigo el respeto de la dignidad humana y la libertad. Muchas veces confundimos y mezclamos los términos.

Yo entiendo por ello, que a lo que se refiere es que en la educación queremos educados-alumnos (en nuestro caso) libres y con criterio propio y todo esto, les ayudará a mejorar y sobre todo, les ayudará a no caer en uno de los conceptos también vistos hoy en clase pero éste con connotación negativa (aunque también muy estrechamente relacionado con educar): “manipular”.

Relacionado con una educación sin manipulación os dejo una imagen: este caso es específico en la relación de educar de padres/madres-hijos pero que creo que puede servir para que entendamos mejor el concepto de educar sin manipular.

Adeus companheiro!